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Irene Gascón, entre la risa y la reflexión

Ars Creatio estrenó una tragicomedia inédita de Ricardo Lafuente. La obra contó con dieciocho actores y con un gran trabajo técnico.

📸 Joaquín Carrión

El sábado 19 de febrero de 2022, a las 20.00 horas, en un Teatro Municipal repleto de público, tuvo lugar el estreno de Irene Gascón, tragicomedia que Ricardo Lafuente Aguado (1930-2008) dejó escrita hace casi tres cuartos de siglo y cuyo contenido no había visto la luz hasta la citada fecha. Después de todo este tiempo, Francisco Andréu Lafuente la cedió del legado de su tío, con la mediación de Andrés Iglesias Castelao —el primero que la reivindicó y llamó la atención sobre su interés—, para ser trasladada a un escenario. El «guante» fue recogido por la Asociación Cultural Ars Creatio. Esta representación formó parte del memorial que, organizado por el Patronato Municipal de Habaneras, con periodicidad bienal se dedica en Torrevieja a la figura de Ricardo Lafuente. Además del alcalde y presidente del Patronato, Eduardo Dolón, asistieron la teniente de alcalde, Rosario Martínez Chazarra, el vicepresidente del Patronato, José Antonio Quesada, y los también concejales Concha Sala, Domingo Paredes, Ricardo Recuero, Andrés Antón, Rodolfo Carmona y Ana Pérez, así como el administrador del Patronato, Juan Agustín Manrique.

La labor de Lafuente como compositor es sobradamente conocida, no sólo en su pueblo natal sino en el mundo entero, en especial en el género de la habanera. También se recuerdan sus participaciones en actividades teatrales, en especial con el grupo Talía, que recibió varios premios. Esta afición, desde tierna edad, le vino de otra gran actriz local, Carmen Alarcón. Aunque, a causa de la pérdida de su padre, había dejado el colegio y empezado a desempeñar diversos trabajos a los doce años, Ricardo siempre encontraba tiempo para componer y actuar. De esa misma época, fue estrenada su zarzuela La última golondrina (1951). Con posterioridad formaría parte, como cantante y subdirector, de la Masa Coral de Educación y Descanso, el entrañable Apargate —en los preparativos del primer Certamen de Habaneras (1955) contribuiría además con la partitura de Torrevieja, convertida hoy en símbolo melódico de nuestra ciudad—, antes de dar el salto a Madrid (1962) para encaminarse hacia nuevos horizontes musicales.

Pero no se tenía noticia de Irene Gascón, tragicomedia en dos actos fechada en 1950, es decir, cuando el joven Lafuente apenas alcanzaba el segundo decenio de vida. Claramente dividida en dos partes, una primera cómica y una segunda dramática —aunque llegan a mezclarse—, Lafuente nos plantea en ella el eterno dilema entre el fin y los medios. Si nos atenemos a la temática y el texto, se podrían apreciar diversas inspiraciones. En cuanto a las escenas festivas, el ambiente vodevilesco reina durante el primer acto, con continuas entradas y salidas, picaresca, enredos y equívocos que llevan la risa al patio de butacas. La trama da luego un giro —no bruscamente, pues permanece algún detalle jocoso— hasta adentrarse en lo trascendente, la reflexión ante el comportamiento humano y sus encrucijadas.

A este respecto, mientras los miembros de Ars Creatio se enfrascaban en las interioridades de la obra, resultó obvio el comentario sobre las concomitancias con algunas del teatro español, en particular con una muy significativa: «(…) ¡Y antes de que se descubra, te prefiero mil veces muerta! ¿Me entiendes? ¡Muerta! Esta casa siempre ha sido respetada y antes que manchada de deshonor, ¡la prefiero manchada de sangre!», espeta Irene a su hija. ¿Qué aficionado a las tablas no ha leído, en estas crudas palabras de madre, la mente de Bernarda Alba? Pues lo más interesante está en el cotejo de las fechas: son conocidas las circunstancias de la última obra (obviando la que quedó inconclusa) de Federico García Lorca antes de ser asesinado (1936), y es comprensible que en la dictadura recién comenzada no resultara cómoda su difusión. El texto de La casa de Bernarda Alba se publicó en Buenos Aires en 1945; y, en suelo español, fue estrenada en Madrid en marzo de 1950, precisamente el mismo año en que viene datada Irene Gascón. Cabe considerar improbable que al joven Lafuente —aunque había tenido ocasión de visitar Barcelona con una tía suya—, en un pueblo como la Torrevieja de entonces, le hubiera llegado la repercusión de ese estreno. ¿Coincidencia? ¿Determinación al comprender, por referencias, la valía de la obra de García Lorca? ¿Influjo de unos activos y avezados círculos teatrales torrevejenses? Todo es posible, dado el proverbial carácter abierto de nuestra localidad. En cualquier caso, se abre una apasionante vía de investigación.

Porque en Irene Gascón, al fin y al cabo un «drama de mujeres» —ningún papel masculino es preponderante—, también se presentan diversos paralelismos con otros textos de la literatura española: por ejemplo, la rebeldía personificada en la hija a causa del ansia de libertad de ésta (en la citada obra lorquiana); la inducción al suicidio al presentarse la muerte como liberación (La dama del alba, de Alejandro Casona, 1944, también producto del exilio argentino); o el mandato de asesinar a una persona próxima y supuestamente querida (Doña Perfecta, novela de Benito Pérez Galdós, 1876), para que las cosas no se salgan del «orden establecido». El fanatismo religioso con la subsiguiente opresión ambiental, la obsesión por guardar las apariencias a toda costa, o la ambición desmedida —aun inmaterial— que desemboca en delación quedan asimismo plasmados en el texto de Lafuente. Según qué medios para según qué fines: el inteligente espectador discernirá la catalogación moral de cada personaje.

En una obra con las mujeres como protagonistas y centro de la trama, fue un lujo contar con dos primerísimas intérpretes: Amparo Moreno, que como lo más natural del mundo cambia de registro entre la comicidad, el drama y la tragedia, en apenas unas pocas escenas, además de sostener el peso de la representación; y Marisol Cos, de quien a estas alturas nada descubrimos, y que siempre sorprende en un escenario, por ser capaz de llenarlo con su sola presencia. Ambas, continuadoras de la inmensa tradición teatral de Torrevieja, quedarán en la memoria del público, respectivamente, como Irene Gascón y Restituta, su madre. Y aunque parezca injusto el adjetivo de «secundarios» —que últimamente se ha tratado de suavizar con el eufemismo «actores de reparto»—, subrayamos la participación de todos, imprescindibles para el impecable desarrollo de la obra. No dejamos de destacar el magnífico decorado, al que no faltó detalle, excelente muestra de que con cariño al cometido, ganas de trabajar y buenas amistades puede conseguirse mucho más que con presupuesto.

Ars Creatio, una vez más, ha sacado adelante un propósito nada fácil. Después del esfuerzo de su anterior representación teatral, además de analizar y adaptar este texto en menos de un mes y conjuntar un nutrido grupo de tres generaciones de actores, se han tenido que sortear los inconvenientes de compaginar los ensayos cuando no siempre —mejor dicho: casi nunca— lo permitían las respectivas ocupaciones, robando horas a las tardes-noches y hasta días a la semana, además de bregar con un invierno infectado de contagios e infestado de cuarentenas. Al acabar la jornada laboral, con frío o lluvia, había que acudir al ensayo sin siquiera pasar por casa. El ejemplo de la dirección y la subdirección y el entregado compromiso de los dieciocho actores —algunos, debutantes en un escenario— con este proyecto, convertido en ilusión, lo han hecho posible. Puede estar orgulloso Ricardo Lafuente, porque gracias a ellos su faceta como autor teatral ha sido conocida y puede ser estudiada en adelante.

Y para Ars Creatio, el teatro continúa… mediante la cuarta generación de actores: será con la nueva obra infantil, de la que, Dios mediante, habrá ocasión de hablar. De momento, aquí les hemos contado cómo, setenta y dos años después, fue recuperada Irene Gascón —con sus referidos y llamativos matices— para la historia de la dramaturgia torrevejense.

IRENE GASCÓN (tragicomedia en dos actos, escrita por Ricardo Lafuente Aguado en 1950)

Personajes: 

Ninfa: Estefanía Alonso Gómez

Mozo 1: Germán Gutiérrez Gómez

Mozo 2: Antonio Sala Buades

Mozo 3: Antonio Manuel Berná Ortigosa

Restituta: Marisol Cos Delgado

Silvestre: José Miguel Toro Carrasco

Irene: Amparo Moreno Viudes

Rosa: Vivien Gajdos

Federico: Jesús Pérez Cos

Veremundo: Andrés Iglesias Castelao

Lucía: Maira Egea Atencio

Tomás: Jagoba Sánchez García

Cobrador: Enrique Fernández Valdés

Plácido: Alejandro Blanco Vega

Don Julián: Juan Antonio López Jordán

Rodolfo: Pedro Payá Giménez

Policía 2: Francisco Cruz Vega

Policía 1: Salvador Torregrosa Molero

Equipo técnico, decorados y atrezo: Emma Pérez Beviá, José Antonio Vallejos González, José Miguel Toro Carrasco, Antonio Ruiz Hurtado y Paqui Delgado Cano

Iluminación y sonido: Orecam

Cartel: María del Carmen García Nieto

Coordinación vestuario: Marisol Cos Delgado y Josefina Nieto Gómez

Maquillaje: Paqui Delgado Cano

Ayudante de dirección: Eliseo Pérez Gracia

Transcripción: José Miguel Toro Carrasco

Adaptación: Josefina Nieto Gómez y Antonio Sala Buades

Dirección: Josefina Nieto Gómez

Colaboración especial: Museo «La imprenta en Torrevieja»