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La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin deciden «interrumpir su relación matrimonial»

25/01/22 – La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin han decidido «de común acuerdo, interrumpir su relación matrimonial» después de que se conociera el vínculo del exduque de Palma con otra mujer, según aseguran ambos en un comunicado remitido a Efe, en el que añaden que el compromiso con sus cuatro hijos «permanece intacto». «Dado que es una decisión de ámbito privado, pedimos el máximo respeto a todos los que nos rodean», reza el breve texto.

Un comunicado que recuerda al que, hace ya casi 15 años, mandó la Casa Real en nombre de la infanta Elena y Jaime de Marichalar. La frase utilizada en aquella ocasión fue «cese temporal de la convivencia». Una fórmula que, al igual que en el caso de su hermana Cristina, deja la puerta abierta a una posible reconciliación que tampoco tiene vistos de irse a producir.

Doña Cristina mantiene su residencia a las afueras de Ginebra, en la casa-fortín a la que se mudó en verano de 2020, y todo indica que su intención es continuar trabajando en Suiza, en la Fundación Aga Khan. Allí se trasladó la familia al completo -en septiembre de 2014- cuando el escándalo del ‘caso Nóos’ hacía inviable su día a día en Barcelona. La segunda hija de los reyes Juan Carlos y Sofía, de 56 años, puso tierra de por medio para proteger a su hijos del acoso mediático al que eran sometidos. Hoy solo la benjamina, Irene (16 años), continúa a su lado. Sus otros tres hijos hace tiempo que ya vuelan por su cuenta. Juan Valentín (22 años) vive en Madrid, Pablo Nicolás (21 años), en Barcelona, y Miguel (19 años), en Londres.

«Todos estamos tranquilos y nos vamos a querer igual… Son cosas que pasan y lo hablaremos entre nosotros». Estas palabras, pronunciadas por Pablo Urdangarin poco después de que la revista ‘Lecturas’ mostrara a su padre en portada de la mano de otra mujer, vinieron a confirmar la ruptura del matrimonio. Y, sí, en esta ocasión por terceras personas: Ainhoa Armentia, una compañera de 43 años -10 menos que el exduque- del despacho Imaz&Asociados, ubicado en Vitoria, donde Urdangarin trabaja desde hace diez meses como requisito para poder acogerse al tercer grado de su condena de 5 años y 10 meses por corrupción.

Precisamente este lunes, coincidiendo con el comunicado, Armentia, casada y madre de dos menores, se ha dirigido a los medios de comunicación por primera vez. La vitoriana, al acudir a su puesto de trabajo, ha solicitado respeto para su entorno. «Buenos días. Os pido por favor que respetéis la intimidad de mi familia por favor ¿eh? Gracias, buenos días».

De no haber sido por las imágenes de Urdangarin y Armentia, la infanta nunca hubiera dado el paso de separarse. La cárcel les distanció. La prisión abulense de Brieva, en la que ingresó el 18 de junio de 2018, cambió a Iñaki. Durante 15 meses permaneció recluido sin ningún tipo de salidas. Aislado. El único hombre en un módulo de una cárcel de mujeres. Pero la hermana del rey Felipe VI seguía dispuesta a todo. Ya había hecho lo más difícil: renunciar a todo por amor. Incluso pudo acabar entre rejas -Manos Limpias pedía para ella 8 años de cárcel en el juicio que comenzó en enero de 2016-. La Justicia terrenal la absolvió, no encontró más tacha que la ceguera que le produjo el amor al rubio jugador de balonmano del que se prendó en los Juegos Olímpicos de Atlanta 96 y que, convertido en duque de Palma, hizo tambalear los cimientos de la Zarzuela.

Sexta en la línea de sucesión al trono -privilegio al que no quiso renunciar, por más presiones que recibió-, se la apartó -en diciembre de 2011- de la que había sido su vida en palacio, de cualquier actividad de la Familia Real. «¿Nosotros o él? ¿Tu familia o tu marido?». Se le dio a elegir. No dudó. Se fue con él.

El escándalo del ‘caso Nóos’ les sorprendió en Washington -donde residieron entre 2009 y 2012-, hicieron las maletas y regresaron a España, al palacete de Pedralbes, para preparar la defensa de Urdangarin, y de ahí a Ginebra. Los meses pasaron y el distanciamiento entre doña Cristina y el resto de su familia era más que evidente. Tan sólo la reina Sofía y la infanta Elena se dejaban fotografiar con ella. Ni una sola palabra, ni oficial ni extraoficialmente, pronunció la Zarzuela de apoyo a la infanta Cristina. Nada.