Hace tan sólo un año, Naciones Unidas proclamaba el 24 de enero como Día Internacional de la Educación. Considerando el llamamiento a todos los agentes sociales en este ámbito, de Audrey Azoulay, Directora General de la UNESCO, en ADEUGT, como Asociación de Estudiantes sentimos la obligación de secundar este día y hacer nuestra la demanda de la ONU, porque hay que hacer hincapié en que no es un día de celebración, sino de reivindicación de una educación de calidad, tal y como establece el número 4, de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.


El lema para este 2020 es “El aprendizaje para los pueblos, el planeta, la prosperidad y la paz”. No puede ser más acertado. Sin educación no hay pueblos, no hay sociedad ni hay convivencia. La educación es un derecho fundamental, no sólo proclamado por nuestra Constitución, sino que es un derecho intrínseco a la condición humana y como tal, ha de prevalecer sobre todas las cosas como base de una sociedad justa, solidaria y equitativa.


Quizá, hoy más que nunca debemos alzar la voz por una educación de calidad, ecuánime e inclusiva, asentada sobre los principios más elementales de cualquier sociedad democrática como son la igualdad, el respeto a la diversidad y la lucha contra cualquier tipo de discriminación, abandonando postulados de limitación y censura, pues no debemos olvidar que la educación es el único camino para romper con la pobreza generacional y las desigualdades estructurales, propiciando el desarrollo de la personalidad y erigiendo por ende, una sociedad feliz.


Especial mención merecen en este sentido, quienes trabajan día a día en esta materia. Maestros y Maestras, “profes” de todos los niveles educativos que con su labor construyen las sociedades del mañana.


Finalmente, en una fecha como la de hoy, no podemos olvidar cifras tan alarmantes como las facilitadas por la UNESCO, que denuncian una realidad invisibilizada como es el hecho de que hoy en día haya más de 260 millones de niños y niñas sin escolarizar, truncando así su futuro.


No cabe duda de que la educación no es cuestión de un solo día ni una tarea individual. Es una labor constante de remover todos los obstáculos que impidan el acceso a tan elemental derecho, un trabajo conjunto de todos los agentes políticos y sociales implicados. Debemos ser conscientes de que la educación es un instrumento y un fin, nunca un arma arrojadiza ni elemento negociador. Es incontestable la necesidad de un Pacto de Estado por la Educación en nuestro país, que sitúe el asunto en el lugar central que le corresponde.